Pública UNA PRÁCTICA EN TRANSFORMACIÓN
Mi práctica artística parte casi siempre de lo personal, no porque me interese hablar de mí como individuo, sino porque creo que el cuerpo y la experiencia son lugares desde los que se puede pensar el mundo. Con el tiempo, he ido entendiendo que aquello que nos atraviesa como la infancia, el miedo, el cuidado, el cansancio o la ternura no es algo privado, sino profundamente político.
Desde el inicio, mi trabajo se ha vinculado a prácticas feministas que ponen el cuerpo en el centro. Me interesa el cuerpo como espacio sensible, vulnerable y cambiante, pero también como un lugar de resistencia. No como imagen idealizada, sino como algo que siente, duda, se transforma y se agota. En ese sentido, el arte se convierte para mí en una herramienta para parar, observar y generar espacios donde otras temporalidades son posibles.
Un referente muy importante en mi trabajo es Louise Bourgeois. De ella me interesa especialmente cómo utiliza su experiencia vital (la infancia, el miedo, la maternidad, la memoria) sin separarla del lenguaje artístico. Su obra me ha ayudado a entender que la fragilidad no es una debilidad, sino una fuerza, y que la ternura puede ser inquietante, incómoda y profundamente política.
También ha sido clave la obra de Ana Mendieta, sobre todo en su manera de trabajar el cuerpo desde la huella, el gesto y la relación con el entorno. En su trabajo, el cuerpo no se muestra para ser mirado, sino para ser sentido. Esto conecta mucho con mi interés por generar experiencias más que objetos cerrados, y por pensar el cuerpo como algo que está en constante diálogo con el espacio que habita.
Con el tiempo y especialmente a partir de la maternidad, mi mirada se ha ido desplazando. Sin dejar lo autobiográfico, el foco se ha ampliado hacia el mundo, hacia lo colectivo y hacia el cuidado. Ser madre no aparece en mi trabajo como un tema en sí mismo, sino como una experiencia que ha transformado mi manera de estar, de mirar y de crear. Me ha hecho más consciente de la importancia de la escucha, de la pausa y de la responsabilidad hacia los otros.
En este contexto aparece con más fuerza la idea de ternura radical. Para mí, la ternura no tiene que ver con algo blando o ingenuo, sino con una forma de resistencia frente a la violencia, el ruido y el poder. Apostar por el cuidado, por la empatía y por lo vulnerable es una manera de cuestionar los modelos dominantes que priorizan la dureza, el control y la imposición.
Me interesa pensar la práctica artística como un espacio desde el que activar estas ideas, no para dar respuestas claras, sino para generar preguntas y experiencias. Muchas de mis piezas funcionan como dispositivos donde el espectador entra en contacto con sensaciones como la calma, la saturación, el cansancio o la incomodidad. No busco imponer un mensaje, sino abrir un lugar para sentir y reflexionar desde el cuerpo.
En definitiva, mi práctica se mueve entre lo íntimo y lo político, entre la experiencia personal y las problemáticas colectivas. Trabajo desde una posición situada, atravesada por el feminismo, el cuidado y la ternura radical, entendiendo el arte como un espacio desde el que imaginar otras formas de estar juntas, de escucharnos y de habitar el mundo.

Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.